Insignes abandonados

Rostros golpeados, narices rotas, ojos perdidos. La soberbia,  el desorden y el descuido son los protagonistas del llamado Paseo de los Insignes en la avenida Bolívar de Caracas. A los bustos, encomendados por la alcaldía del municipio Libertador a Nelson Bermúdez, les arrancaron las placas que los identificaban. Quizás el material se haya puesto a la venta por indigentes y drogadictos que sobreviven allí o los posea un coleccionista enajenado.
De oeste a este están los rostros del brasileño José Inácio de Abreu y Lima, el argentino Ernesto Che Guevara, la ecuatoriana Manuela Sáenz, el venezolano Ezequiel Zamora, el mexicano Emiliano Zapata, el nicaragüense Augusto César Sandino, el salvadoreño Farabundo Martí, el estadounidense Martin Luther King, el puertorriqueño Filiberto Ojeda Ríos, el salvadoreño Óscar Arnulfo Romero y el vietnamita Ho Chi Minh. Todos acompañados de las banderas de sus respectivos países, pero sin ninguna identificación o explicación de por qué son “insignes”, sin ninguna argumentación de por qué están colocados en ese orden, de por qué se decidió que todos formen parte de un mismo grupo.
Los bustos miran del sur al norte. Detrás de ellos están los restos del antiguo terminal del Nuevo Circo y adelante una avenida Bolívar repleta de carros y smog. Poca es la gente que transita a pie por el lugar y poca la que se detiene a observar a los personajes esculpidos. Las banderas flamean, las cornetas no dejan de sonar y el apuro de los peatones, junto al omnipresente miedo a la delincuencia, parece hundir aún más a unas aceras sin sombra.

Allí están las miradas extraviadas de luchadores por la independencia de sus países; de mártires por defender sus ideas; de guerrilleros y militares del siglo XIX y el siglo XX. Todos personajes que fueron víctimas –y en algunos casos instigadores– de guerras, pugnas y odios. Que ni siquiera después de convertirse en estatuas parecen descansar en paz. El paseo inaugurado en julio de 2005 luce un rostro viejo y decadente. Más que “insignes” son “insignificantes” para unos caraqueños apresurados y temerosos, para unas autoridades descuidadas e ineficientes.

Comentarios

  1. No podia ser de otra manera, mi querido amigo. El orden y escogencia de los personajes es anarquico, como casi todo en este gobierno.
    Y el destino de las estatuas, es el mismo triste y lamentable destino, el caos, el deterioro que tarde o temprano lo alcanzara todo, mientras no hagamos nada...

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  2. Gracias por el comentario Rosy. También creo que las decisiones que toman los que están en el gobierno son anárquicas. El caos parece arropar los pocos espacios públicos que quedan en una Caracas que trata de sobrevivir a las balas, la inflación y a sus autoridades.

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