Las preguntas incesantes del poeta Jesús Alberto León

 
Jesús Alberto León ha edificado un lugar ajeno a la estridencia, y allí habitan sus versos. La persistencia en la palabra, la búsqueda de la imagen y el hallazgo de su ritmo personal se mezclan con la afabilidad. En sus versos, se muestran sus lecturas e influencias. La serenidad de su obra es uno de los mayores logros del poeta y científico venezolano que cumple 80 años de edad este 19 de octubre.

Inició su transitar poético con
Desvestiduras (Contextos, 1991). Su primer libro de poemas fue publicado a los 51 años de edad. León, biólogo y matemático egresado de la Universidad Central de Venezuela, ya era un destacado científico con un doctorado en la Universidad de Sussex, Inglaterra, y una sólida carrera académica. Pero la poesía lo invita a mostrar otro sendero.

“Cuando allí frente al mar
bajo mis manos nazca la casa
hechura quizás hechizo
no la habites de paso
llénala”.

Estos fueron sus primeros poemas ofrecidos a la lectura pública. Lo hizo 23 años después de la edición de sus libros de cuentos: Apagados y violentos (Tabla Redonda, 1964) y La otra memoria (Monte Ávila, 1968), ambos influenciados por la violencia guerrillera que como una fiebre contagió a la juventud de la época.

En su segundo poemario, Despojamientos (Fundarte, 1997) se interroga en la perplejidad de lo inasible, en los recuerdos y en la incertidumbre. El libro está dividido en tres partes: Canciones ominosas, Señas de familia y Tentativas. Todos los poemas están dedicados a amigos y afectos, muchos de ellos escritores que ahora viven en orillas opuestas, geográficas y políticas.


“Falso desierto el olvido
aún quedan árboles después de la quema
queda la ebriedad sobria, la jaqueca oscura
el borroso mordisco de la duda”.

León Inicia el siglo XXI con la publicación de Riesgo de cercanía (Eclepsidra, 2001). Está dividido en tres partes: Furias domésticas, Vecindad inquietante y Acechanzas privadas. En este libro, el poeta devela los misterios que se forman en la cotidianidad del hogar, la fragilidad de la convivencia, la falsa solidez de las estructuras. 

“Uno cree estar a salvo del desamparo usual,

quedándose en la casa todo el día.

Los colores cordiales, los muebles protectores,

las paredes de ceño inexpugnable,

aseguran la vigencia tranquila

del amparado temple, del sosiego.


Se puede así escapar a la obcecada esgrima

que deshilacha la trama del mundo;

se puede reposar, impedir el desgarro,

y aun desorientar el filo abalanzado…”


Habitar el instante (Monte Ávila, 2005) es un poemario en el que intenta capturar lo efímero, asir lo inmediato y llevarlo a través de la palabra. Dar vida al momento que nos abandona a todos con el paso del tiempo.

El aire tiene envidia de lo quieto,
de la tierra y la piedra sobre todo.
Si fuera menos móvil, podría comprar su casa
y quizás reposar algunas veces,
como el agua del río que posee
el cauce, el lecho donde sostenerse”.

Al año siguiente entrega La duda y la deriva (La nave va, 2006) poemario dividido en cuatro secciones: Transcursos, Desamparos, Desconciertos y Extravíos. Sus versos navegan entre la melancolía y la clarividencia, la historia descrita como el viejo camino que se construye con distintos seres humanos, pero con los mismos pasos de incertidumbre. Oleaje milenario que no se detiene.

“Mientras un terremoto rompe a Esparta,
insurgen sus ilotas en Mesenia.
La guerra estalla entre Esparta y Atenas,
y en las naves que traen los beneficios
del mundo hasta El Piero, llega la peste.
Esa duplicación de males en la historia
va repitiéndose de vez en cuando,
con ruda obscenidad y exactitud atroz:”

A los 70 años de edad publica Desasosiegos (Equinoccio, 2010). Tres partes componen este libro: Atisbos, Descalabros y Avatares. La perplejidad, la sorpresa y las preguntas dan paso a la revelación, la poesía es una forma de vida lejos de la facilidad y la complacencia, es una exigente disposición a la observación y el descubrimiento.

“No hay fervor sin bordear
algún despeñadero.
No hay camino soleado sin encandilamiento.
No hay poesía sin más dificultad”.

León nació en La Victoria, estado Aragua, el 19 de octubre de 1940. Cuatro días antes, se había estrenado en Nueva York El Gran Dictador, el film de Charlie Chaplin que cuestiona el nazismo y el fascismo. Venezuela era gobernada por Eleazar López Contreras, el sucesor de Juan Vicente Gómez después de 27 años de dictadura.

Para celebrar sus 80 años en medio de una pandemia mundial y con Venezuela sometida por otra dictadura que la sumerge en el caos la editorial El Taller Blanco y la Fundación La Poeteca ofrecen Secreta inquietud, una antología de los últimos cuatro libros de León, prologada por Rafael Cadenas, acompañada de textos de Jacqueline Goldberg y María Antonieta Flores. La obra puede ser descargada gratuitamente en este enlace.

Los poemas de Jesús Alberto León son un baluarte en medio de la oscuridad. Hay que leerlos con paciencia, agradecimiento y curiosidad. Hay que celebrar su ejemplo de ciudadanía, constancia y búsqueda, su palabra pacífica.

“He estado años en eso, formulando
preguntas incesantes,
labrando con los ojos
y escarbando sin pausa
en la piel desmedida de lo real”.

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